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C. Michael Hogan, usuario de iNaturalist

¿Cuáles son los impactos de los monocultivos forestales?

“Te di un pedazo de la tierra bien plantado en árboles y amenizado por aguas y ahora me lo devuelves yermo. Ahora sabes. Te lo di para probarte, para ver quién eras. Te lo di cargado de flores, liviano de cantos. Mira lo que me entregas. No me importa tanto la tierra como lo que hiciste con ella. Yo puedo crear dondequiera otra tierra, otras tierras. No me cuesta reparar lo que destruyes. Pero tu propia destrucción me importa y me cuesta. La tierra es tu retrato. Mírate en estos cerros secos, agrietados, satánicos. Aquí no brotan semillas. Ni siquiera malezas. ¿No es este tu propio rostro?”
 
– Luis Oyarzún –

Por Katherina Tesar | 01 de junio del 2024 | Lectura de 35 min.

Un monocultivo es una plantación, normalmente de gran extensión, donde se cultiva una sola especie vegetal. A veces incluso se cultiva un mismo genotipo de una sola especie, esto quiere decir clones de plantas genéticamente idénticas entre sí. Aquí nos referiremos principalmente a los monocultivos forestales. La idea de un monocultivo forestal es simplificar la estructura vegetal, los árboles tienen la misma edad y se plantan en líneas densas. También se quiere lograr acelerar los ciclos de crecimiento, por lo que se plantan árboles de crecimiento rápido que se cosechan después de 10 a 25 años mediante la tala rasa. Todo esto permite alcanzar mayores rendimientos por hectárea plantada y una producción más eficiente a gran escala. En el fondo, se quiere producir la mayor cantidad de madera en el menor tiempo posible y de la manera más sencilla. Es una técnica de producción maderera que empezó en Europa en la Edad Media, ya que tenían una escasez de madera porque habían cortado casi todos sus bosques.

Hemos presenciado una rápida expansión de los monocultivos en el Sudeste Asiático para producir aceite de palma y caucho, lo que causó una gran noticia cuando se produjeron los grandes incendios de Indonesia en que se quemaba la selva para abrirle paso a las plantaciones de monocultivos. Todo debido a nuestra gran demanda de aceite de palma. Por otro lado, los países de América del Sur, Asia y Sudáfrica están promoviendo los monocultivos de pinos y eucaliptos para suministrar pulpa de papel. En Chile, por ejemplo, llevamos décadas plantando monocultivos de pinos y eucaliptos. Ambas son especies exóticas (no nativas) de madera de crecimiento rápido y son competitivamente superiores a las especies nativas cuando se trata de utilizar nutrientes del suelo, captar luz solar y absorber agua. Se plantan por períodos de rotación cortos, de 10 a 25 años. De estos monocultivos se puede extraer madera, carbón vegetal, pulpa de papel, entre otros. En Chile ayudan a sustentar una economía basada en las exportaciones de celulosa y papel.

¿Los monocultivos son buenos o malos para el medio ambiente? 
 
Por un lado, hay personas que defienden los monocultivos forestales porque, tal como afirman, ayudan a aliviar la deforestación de bosques nativos, ayudan a proteger y restaurar los suelos degradados y erosionados, a regular el ciclo del agua y uno de los argumentos que más se ha usado últimamente a favor de ellos es que ayudaran a secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera, por lo tanto estarían combatiendo el cambio climático.
 
Según distintos artículos e investigaciones, varios de estos argumentos son erróneos o se encuentran muy simplificados. Hay estudios que demuestran justamente lo contrario: que los monocultivos pueden provocar daños permanentes y graves al ecosistema, como la pérdida de fertilidad del suelo, la pérdida de humedad, la introducción de especies exóticas e invasoras, disminución de la biodiversidad, mayores riesgos de incendios e, incluso, una mayor emisión de CO2, o sea que contribuirían al cambio climático, que es justo lo contrario a lo que se argumentaba a su favor.

Un árbol absorbe CO2 porque hace fotosíntesis para producir su propio alimento y así poder crecer, mientras emite oxígeno. Efectivamente, en una plantación de pinos el CO2 es secuestrado por los árboles que van creciendo, pero después se talan, y parte del carbono se vuelve a liberar como CO2. La mayoría de los monocultivos están basados en árboles de madera blanda. Este tipo de madera, y el papel que se produce de ella, se descompone rápidamente, liberando CO2 y otros gases que contribuyen al efecto invernadero.
 
Por otro lado, los monocultivos forestales son más propensos a incendios forestales y al quemarse liberan CO2. También hay que tomar en cuenta el suelo, ya que el suelo es un gran almacén de carbono. El problema es que el suelo libera CO2 cuando es perturbado por actividades productivas agrícolas o forestales. Se ha demostrado que el suelo de un bosque nativo almacena mucho más carbono que el suelo de una plantación forestal. Y ahí está el tema, si quieres combatir el cambio climático, una estrategia mucho más eficiente es reforestar con bosque nativo, porque los bosques naturales almacenan mucho más carbono, que no sólo se guarda en los árboles, sino que también en la cobertura vegetal de la maleza y el sotobosque, los arbustos, los líquenes, la hojarasca del suelo, etc. Este carbono permanece en el ecosistema por períodos mucho más largos que en un monocultivo.
 
Por lo tanto, los bosques nativos son acumuladores de CO2 más estables y más seguros. Un estudio del 2016 demostró que la gestión forestal de Europa de plantar monocultivos en los últimos 50 años, no ayudó a mitigar el cambio climático sino que incrementó las emisiones totales de toda Europa. Por lo tanto, el papel de los monocultivos forestales como sumideros de carbono en la lucha contra el cambio climático es aparentemente un mito.
 
Se mencionó anteriormente que los monocultivos de pinos y eucaliptos aumentan las probabilidades de incendios. Muchas de estas especies contienen aceites, resinas u otros compuestos químicos que son inflamables y también acumulan una gran cantidad de combustible seco. Eso ya se ha notado en el incremento de incendios forestales en el centro sur de Chile y en la Patagonia. Un problema aparte es que muchas especies de pinos están adaptadas al fuego, tienen características que los pueden ayudar a sobrevivir a incendios como una corteza gruesa o semillas que germinan gracias a los incendios. Cuando los incendios se extienden a la vegetación nativa circundante, puede ser que estas especies nativas no estén adaptadas al fuego como sí lo están los pinos, por lo que se encontrarían en una clara desventaja frente a estas especies exóticas. Muchas veces después de un incendio, los pinos vuelven a crecer con mucha rapidez y van ganando terreno a costa de la vegetación nativa.  
 
Se ha argumentado también que los monocultivos ayudan a proteger y restaurar los suelos erosionados. Esto lo encontramos en un folleto de Corma, la Corporación Chilena de la Madera. Sin embargo, estaban comparando el monocultivo con una pradera, con cultivos agrícolas o incluso con suelo despejado. Entonces, comparado con un campo o suelo pelado el monocultivo forestal protege mejor el suelo de la erosión, pero comparado con un bosque nativo lo protege mucho menos. Todas las funciones que supuestamente realiza un monocultivo, un bosque nativo las puede llevar a cabo mucho más eficientemente. Es verdad que debido a que los pinos crecen relativamente rápido, se han usado como una solución rápida en terrenos inclinados en que, por ejemplo, quedó todo descubierto después de un incendio, y hay que estabilizar rápido la tierra para que no haya derrumbes. En ese caso pueden ser útiles, aunque a largo plazo quizás no sean la mejor solución. 
 
Aunque el tema más importante es que los monocultivos en sí, que normalmente están pensados para la producción de madera y celulosa, se talan cíclicamente y toda la madera se extrae, dejando el suelo completamente descubierto a merced de la lluvia y el viento, lo que lo va degradando. ¿Cómo? El suelo necesita de un cierto intercambio con la vegetación de arriba, en que los árboles pierden las hojas que caen al suelo, donde se descomponen para formar humus y materia orgánica que cubre el suelo y le va entregando nutrientes. Por lo que si se corta toda la vegetación que cubre el suelo, se despeja todo, el suelo se agota y pierde nutrientes. Y no se alcanza a recuperar durante el próximo ciclo de crecimiento de los árboles, ya que las rotaciones forestales de 10-25 años son muy cortas.
 
Además, como los pinos son de rápido crecimiento, tienen una alta demanda y absorción de nutrientes, y como siempre son las mismas especies, consumen siempre los mismos nutrientes lo que también ayuda a agotar el suelo. Por esto es necesario usar fertilizantes cada vez con mayor frecuencia.  Más encima la cosecha de los árboles con grandes máquinas compacta el suelo, lo aprieta, lo que puede afectar negativamente las tasas de infiltración del suelo y aumentar la escorrentía superficial, esto quiere decir que el agua de las lluvias ya no se infiltra y comienza a correr por la superficie, aumentando la erosión, arrastrando los sedimentos y también los restos de fertilizantes a los ríos de las cuencas cercanas. 

Estudios han demostrado que el contenido total del carbono del suelo, que se utiliza como un indicador de la fertilidad del suelo, fue significativamente menor en los sitios con plantaciones de pinos comparados con los de bosque nativo. Lo que respalda la hipótesis de que los suelos de los monocultivos se vuelven menos productivos que los suelos de bosque nativo. 
 
También, los eucaliptos y ciertos pinos pueden acidificar el suelo. Por ejemplo, las agujas de los pinos que caen al suelo y se amontonan crean un humus ácido no nutritivo que demora el proceso de descomposición, mineralización y nitrificación del nitrógeno, lo que quiere decir que no habrá suficientes nutrientes disponibles en el suelo para ser usados por la vegetación. La acidificación puede ser negativa para la biodiversidad ya que, por ejemplo, hay ciertas comunidades de invertebrados que tienen preferencias distintas del pH, y la fertilidad de la tierra también se vería comprometida, afectando a otros usos del suelo a largo plazo. 
 
¿Qué es el pH?
 
En palabras simples, el número pH indica el grado de acidez de una sustancia. Se mide en una escala del 0 al 14. Un valor de 7 es neutro, ni ácido ni alcalino. Un valor menor a 7 es ácido y mayor a 7 indica que la sustancia es básica. Ahora, de dónde sale ese número realmente: es un número que indica la concentración del elemento hidrógeno que hay presente, se saca con una fórmula matemática, se toma la concentración de H+, se le saca un logaritmo negativo y te sale ese número de la escala del 0 al 14.
 
¿Hay más efectos negativos o positivos que puedan tener los monocultivos forestales en el medio ambiente?
 
Los monocultivos forestales de pinos y eucaliptos disminuyen la humedad del suelo. Se ha observado en distintas investigaciones que los eucaliptos y algunos pinos consumen más agua que otras especies nativas y reducen el nivel de las aguas subterráneas (el nivel freático). En las plantaciones hay una menor tasa de infiltración de agua en el suelo, y eso provoca que las aguas no puedan entrar al suelo y recargar los acuíferos subterráneos. También se incrementan las pérdidas de agua porque los pinos interceptan gran parte de las lluvias en las copas y tienen una alta tasa de evapotranspiración. Las plantaciones de monocultivos pueden terminar reduciendo el caudal de vertientes y ríos, y pueden secar humedales y pantanos. Se ha observado que en lugares muy invadidos con plantaciones forestales, la escorrentía del agua ha disminuido entre un 30% y un 70%. 
 
¿Cuáles son los impactos a la fauna nativa?
 
En un monocultivo forestal la biodiversidad de plantas es extremadamente baja, y esta baja diversidad de plantas reduce la diversidad de animales tanto bajo el suelo como encima de él. Por ejemplo, el suelo en un bosque normal y diverso es un sistema que integra una vasta diversidad de organismos como hongos, bacterias, protozoos, invertebrados, insectos, lombrices de tierra, arañas, ciempiés, que son la base de la cadena alimenticia de otros seres como pequeños mamíferos y aves. Y todos estos seres están interconectados mediante múltiples redes de interacciones que hacen posible las funciones del suelo, como el sostenimiento del ciclo del agua y los nutrientes. Distintas investigaciones han notado una marcada disminución en la riqueza y abundancia de invertebrados pequeños en los suelos de plantaciones forestales. 
 
Debido a esta falta de biodiversidad, algunos biólogos llaman a los monocultivos “desiertos biológicos”. La pérdida de especies lleva a un proceso descrito como homogenización biótica. Esto quiere decir que las especies locales y nativas desaparecen mientras que otras especies, usualmente no nativas, comienzan a dominar. Esto es grave porque se pierden grupos funcionales, o sea, se pierden especies que cumplen funciones ecosistémicas importantes. Por ejemplo, ciertos invertebrados del suelo afectan directa o indirectamente la descomposición de la materia orgánica, el mantenimiento de la estructura del suelo y pueden ejercer una influencia sobre las comunidades de plantas, al alimentarse selectivamente de ciertas raíces, hojas o semillas. Si estas especies desaparecen, no hay quien cumpla esas funciones. También se ha notado una baja en el número de especies de aves en plantaciones forestales cuando se compara con un bosque nativo. 
 
Debido al bajo número de especies de árboles, y debido a la composición genética uniforme (a veces los árboles son clones), un monocultivo es muy propenso a los ataques de plagas y vulnerable a enfermedades (hongos, bacterias, virus). Y es que la plaga o patógeno especializada en algún huésped, se encuentra con un mar de huéspedes igualmente susceptibles de ser infectados. Es el paraíso para la plaga. Como los árboles están tan cercanos entre sí, la infección se puede propagar rápida y fácilmente.
 
Un ejemplo bien ilustrativo es lo que pasó en República Checa: en el Parque Nacional Sumava (que está en la frontera con Alemania) gran parte de los pinos fueron atacados por un escarabajo de la corteza. Los guardaparques no sabían qué hacer, intentaron cortar los árboles infectados, dejando todo pelado, o dejaban que la plaga se expandiera. Fue una catástrofe total. Y ocurrió en un parque nacional, donde también se observan monocultivos forestales, lo que ha causado mucha discusión. 
                                                                             
Es por esto que los monocultivos necesitan tratamientos extensivos con pesticidas y plaguicidas. La escorrentía de agua por encima de la superficie del suelo transporta sedimentos y fertilizantes a las cuencas de los ríos, y también pueden transportar los plaguicidas, que pueden terminar contaminando el ecosistema completo. En el folleto de Corma (mencionado anteriormente), se afirma que los monocultivos ayudan a mejorar la calidad de las aguas y a filtrar contaminantes. No sabemos en qué basan esta información; pareciera que, de nuevo, comparan monocultivos con praderas.

¿Son las especies de eucaliptus y de pinos exóticas e invasoras?
 
Muchas de estas especies son invasoras. Recordemos que el eucaliptus y el pino son de rápido crecimiento y son competitivamente superiores a las plantas nativas en utilizar nutrientes, luz solar y agua. Por otro lado, los pinos dispersan sus semillas con el viento. Por esto mismo, son especies que pueden invadir nuevos hábitats y colonizar más allá de la extensión de la plantación. 
 
Empiezan colonizando los bosques nativos adyacentes, compiten por espacio con las especies nativas, crecen más rápido y van acidificando el suelo. De esta manera, perjudican la supervivencia de plantas nativas y endémicas. De esta manera, se disminuye la diversidad genética de los bosques.
 
Por ejemplo, en la Reserva Nacional de Malalcahuello la invasión de pinos de la especie Pinus contorta está excluyendo y afectando la regeneración de araucarias y otras especies. En Pucón se presencia una expansión masiva de pinos que van más allá de las plantaciones. Crecen pinos por todas partes, son muy invasivos. En el bosque cerca de nuestra casa, que es mayormente bosque nativo, hemos encontrado decenas de pinos pequeños y medianos. Le preguntamos a una botánica qué podíamos hacer y ella nos dijo que, si es posible, lo mejor es sacarlos y tratar de parar la invasión lo antes posible. 
 
De esta manera, a medida que los pinos se van expandiendo y ocupando más territorio, conducen con frecuencia a la fragmentación del hábitat. Por ejemplo, en la VII y la VIII región de Chile los bosques nativos de hualo, roble y ruil han sido reemplazados rigurosamente por plantaciones de Pinus radiata, quedando sólo remanentes o parches pequeños de bosque nativo rodeados por extensas plantaciones forestales. Estos fragmentos de vegetación nativa están aislados entre sí, pierden la conectividad y, debido a esto, se degradan y desaparecen más rápidamente. 
 
Monocultivo forestal vs bosque nativo
 
Lo que hay que dejar muy en claro es que un monocultivo de pinos o eucaliptos no es un bosque, es más como un cultivo agrícola. Por lo tanto, plantar monocultivos de árboles NO es reforestar. Reforestar no es simplemente repoblar con árboles, reforestar es reestablecer un bosque. Ahí hay una diferencia muy importante. 
 
Un bosque tiene niveles de biodiversidad vegetal y animal mucho más altos, en donde los árboles se desarrollan a distintos ritmos, tienen distintas edades. No como en un monocultivo, en que todos los árboles son de la misma edad. En un bosque, los árboles son distintos entre sí, tienen distintas fenologías, por lo que sus demandas sobre los recursos son variadas y en distintos tiempos.
 
Por ejemplo, en un bosque hay árboles con raíces de distinta profundidad, por lo que toman recursos de distintos horizontes del suelo. Hay especies de crecimiento rápido y de crecimiento lento, de vida larga y de vida corta, especies que necesitan más luz y especies tolerantes a la sombra, especies de copa delgada y orientada en altura y especies de copa ancha y que se expanden más lateralmente. Hay una complejidad estructural inherente. Esto lo hace más atractivo para una gran cantidad de especies animales, ya que una mayor diversidad de especies de plantas aumenta el número de nichos ecológicos. Por ejemplo, al chucao le gusta moverse en los matorrales y la vegetación baja del sotobosque. Y el sotobosque está normalmente ausente en los monocultivos forestales. El sotobosque es la cubierta vegetal que protege los suelos superficiales de la erosión y cumple el papel de una “esponja” que retiene el agua sin evaporarse y la libera lentamente al suelo. 
 
Entonces, en el bosque podemos ver una heterogeneidad, un mosaico de distintas especies interconectadas entre sí. Cualquier ganancia en la riqueza de especies beneficia la restauración de procesos y servicios ecológicos (como protección de cuencas hidrográficas, formación del suelo, ciclo de los nutrientes, regulación de plagas, almacenamiento de carbono, regulación del clima, etc.). Los ecosistemas con una mayor diversidad de especies son, en general, más estables y resistentes a los desastres. 
 
Comparado con un bosque, un monocultivo es un sistema homogéneo y, por esto mismo, es menos resistente y resiliente a las perturbaciones como las plagas, pero también a las tormentas e incendios.

Entonces si no hubiera monocultivos forestales, ¿de dónde sacaríamos madera? ¿De los bosques nativos?
 
Un aspecto positivo de los monocultivos forestales es que, en teoría, podrían contribuir a conservar el bosque nativo, ya que al extraer la madera de monocultivos, no deforestamos el bosque nativo. Sin embargo, también hay estudios que dicen que la deforestación de bosques nativos continúa igual. Es una discusión compleja. También está el argumento de que las industrias forestales crean empleos y mantienen viva la economía, pero la pregunta es: ¿queremos producir madera, crear puestos de trabajo, tener un crecimiento económico a costa de nuestros ecosistemas y a costa de la biodiversidad? Y es que el manejo actual de los monocultivos es insostenible. Se aplican grandes cantidades de plaguicidas y se usa la tala rasa. Después de un cierto número de rotaciones, después de unas décadas, el suelo queda inutilizable, ahí no se puede cultivar nada. Y las empresas forestales tienen que buscar nuevos terrenos para volver a plantar pinos y así continúa un ciclo sin fin.
 
En Chile tenemos ya alrededor de 3 millones de hectáreas con monocultivos forestales. La actividad forestal ha estado fuertemente subsidiada por el estado. También se han sustituido grandes extensiones de bosque nativo por monocultivos forestales.  
 
El problema con los pinos es que los atributos que los definen como buena especie forestal también suelen convertirlos en especies altamente invasivas (como su alta tasa de crecimiento, período juvenil corto, producen semillas numerosas, que se dispersan con el viento). Por esto es preocupante que, a pesar de que los pinos son tan invasivos y que aumentan el riesgo de incendios, los gobiernos continúen entregando subsidios para estimular las plantaciones de pinos, sin considerar ningún tipo de protocolo con respecto a su potencial invasor o requisitos para la regeneración posterior del suelo. 
 
La presencia de estos pinos invasores no es muy reconocida aún en Sudamérica, en cambio en Sudáfrica, en Australia y Nueva Zelanda, que han estado enfrentando este problema por más tiempo, ya se está regulando para prevenir la propagación de árboles introducidos. Por ejemplo, en Nueva Zelanda se le exige a las empresas forestales que antes de comenzar a plantar árboles, tengan planes que demuestren cómo se evitará, remediará o mitigará el riesgo de invasión. Y en ciertas regiones está prohibido el uso de especies invasoras. 
 
Plantaciones mixtas: Policultivos.
 
Las ciencias forestales están intentando desarrollar nuevas formas de plantaciones mixtas, que tengan más de una especie o que estén entremezcladas con especies nativas. Se les llama policultivos, como contraparte a un monocultivo. Cuando tienes distintas especies, con estructuras variadas, que cumplen distintas funciones y tienen rasgos complementarios, se genera un “uso complementario de recursos” en que los recursos se usarían más eficientemente. Las plantas no estarían compitiendo entre sí por los mismos recursos. 
 
También habría ciertas especies que cumplen la función, por ejemplo, de fijar nitrógeno, que beneficia a otras especies al facilitarles el acceso al nitrógeno. Como habría más de una especie, el lecho de hojas del suelo estaría compuesto por más de un tipo de hoja, lo que aceleraría el proceso de descomposición y el ciclo de nutrientes, permitiendo una mejor nutrición de los árboles. Entonces el uso de los recursos sería más eficiente, aumentando el crecimiento de los árboles y la productividad. 
 
Por otro lado, las plantaciones de especies mixtas son más resistentes a las plagas y enfermedades ya que la especie hospedadora de un insecto estaría más oculta entre otras especies, sería más difícil para el insecto o el virus expandirse. Las plantaciones mixtas son también más resistentes a los daños causados por tormentas e incendios. Sabemos que cuando hay mayor diversidad, hay mayor estabilidad. Lo que llevaría a una mayor seguridad financiera frente a la propagación del riesgo, lo que les debería interesar mucho a las empresas forestales. 
 
Las plantaciones mixtas secuestran más carbono, son más eficientes en filtrar contaminantes atmosféricos, mejoran la fertilidad del suelo, la calidad del aire y del agua, pueden producir más de un producto, etc. 
 
Por todo esto, en Europa ha habido una disminución gradual de las plantaciones de especies únicas y una progresión constante hacia el uso de mezclas de especies para aumentar la productividad, la resistencia y la resiliencia de los cultivos. 
 
Todo esto pensando en una producción de madera más sustentable. Pero si la idea es combatir la desertificación, proteger el suelo, proteger la biodiversidad, crear sumideros de carbono para combatir el cambio climático, entonces el foco debe estar en plantar especies nativas adaptadas a las condiciones locales, árboles de distintas edades, tratando de acercarse lo más posible a un bosque natural. Los monocultivos no funcionan bien como sumideros de carbono, especialmente en comparación a un bosque natural. Y en el contexto actual de crisis, de cambio climático, hay que tomar buenas decisiones y establecer estrategias sustentables a largo plazo. 
 
El acuerdo de París reconoce que la forestación es una buena estrategia para maximizar el secuestro de carbono. Sin embargo, en Europa, tras dos siglos y medio de plantaciones forestales y un aumento de 10% de su superficie forestal, no se logró una remoción neta del CO2 de la atmósfera, porque la madera extraída de las plantaciones liberó el carbono almacenado en la biomasa, la madera muerta y en el suelo. Además la conversión de bosque caducifolio en bosque de coníferas produjo cambios en el albedo (reflexión de la luz) y en las tasas de evapotranspiración de la superficie terrestre, lo que contribuyó al calentamiento en lugar de mitigarlo. 
 
Todas las experiencias de otros países tenemos que tomarlas en cuenta en Chile para tomar las decisiones adecuadas, considerando que Chile es un país altamente vulnerable al cambio climático y con un alto riesgo de sequías. Si vamos a producir madera, que sea de forma sustentable y si vamos a crear sumideros de carbono, que sea reforestando y regenerando bosques nativos. 

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